La isla de Chiloé

Chiloé – la isla más grande de Chile y un pequeño paraíso para los amantes de la naturaleza. Incluso antes de planificar nuestro viaje, estábamos decididos a no perdernos esta maravilla natural. ¿Qué nos esperaba allí? Paisajes impresionantes, aventuras sorprendentes y, por desgracia, un problema técnico que nos mantuvo en vilo. Pero empecemos por el principio.

Nuestro primer viaje en ferry con Mambo

Incluso el viaje a Chiloé fue un pequeño punto culminante. Un viaje de media hora en transbordador nos llevó desde el continente a la isla – por cierto, nuestro primer viaje en transbordador con nuestro fiel Unimog „Mambo“. La emoción era grande, pero la travesía transcurrió sin contratiempos. Sin embargo, nada más llegar, la isla nos recibió con cielos grises y mal tiempo.

La primera parcela que encontramos era un poco desastrosa: ruidosa, llena de basura y cualquier cosa menos idílica. Pero no dejamos que nos estropeara el ánimo. Al día siguiente, el sol brilló con fuerza y Chiloé nos mostró su verdadera belleza.

Una parcela junto al mar - y una marea inesperada

Condujimos un poco más y encontramos el lugar perfecto: justo en la playa, con vistas a una pequeña isla de la costa. Parecía que podríamos quedarnos aquí un tiempo y disfrutar de la paz y la tranquilidad. Pero la naturaleza tenía otros planes.

Mientras nos relajábamos, la marea nos sorprendió. Habíamos supuesto que una barrera de madera marcaba la línea de pleamar, pero nos equivocamos. Antes de que nos diéramos cuenta, Mambo estaba de pie a 10 cm de profundidad en el agua del mar. Afortunadamente, sólo fue un pequeño susto y la aventura continuó al día siguiente.

Un viaje al páramo de Segundo

Uno de los mejores momentos de nuestra estancia en Chiloé fue una excursión al páramo. Gracias a un gran consejo de Judith, conocimos a Segundo, un lugareño que nos dio una cálida bienvenida y nos guió por su páramo. Nos explicó con pasión las particularidades de este fascinante paisaje y nos preparó una comida sencilla pero increíblemente sabrosa. Encuentros como éste hacen que viajar sea especial: estamos infinitamente agradecidos a Judith por este consejo.

Problemas técnicos y una odisea de taller

Por desgracia, nuestro Mambo en Chiloé tuvo una pequeña „mancha“. Un problema técnico nos obligó a pasar unos días en una gasolinera. Tras un primer diagnóstico en el taller local, estaba claro: „Nada bueno, hay que volver al continente“.

Eso significaba desmontar el eje de transmisión, apretar los dientes y recorrer los 300 kilómetros hasta el taller más cercano a una velocidad máxima de 40 km/h. Una prueba de paciencia sin igual, pero al final todo salió bien. Son aventuras como ésta las que nos demuestran una y otra vez lo importantes que son la compostura y un buen plan B cuando se viaja.